Beatriz Peñalver: un vestido que lo cambió todo

La historia de Beatriz Peñalver es una de esas historias inspiradoras que nos cuenta que las cosas se pueden hacer de otra manera. Que seguir un camino distinto es posible: tan solo tenemos que seguir nuestro instinto, ser fieles a nuestra intuición y a lo que de verdad nos mueve. Y, además, rodearnos de los partners adecuados: en el caso de Beatriz, la red de Visa, que ha contribuido a que su negocio prospere.



Beatriz trabajó durante una década en algo que no despertaba su pasión, que no saciaba su hambre de creatividad. Ella, desde siempre conectada con la moda y la danza, sabía en su interior que ahí estaba su camino. 

Hoy, su nombre es también el de una firma de esas que redefine la moda de autor, que ejemplifica el talento español en el diseño y la creatividad. Una marca que aúna en cada diseño tradición y contemporaneidad, pues sus patrones y propuestas conectan la vanguardia con el costumbrismo andaluz. 


Una marca que empezó con un solo vestido


El sueño de Beatriz Peñalver se cosió a partir de un vestido. Ella, con talento natural para la creatividad, confeccionó para una amiga un vestido con el que deslumbró como invitada a una boda. Ese diseño, tan diferente y singular, fue el punto de partida de la marca que hoy es su negocio, su trabajo, su empresa. 

Después de aquel vestido, llegaron los primeros encargos, que abonaron el terreno para que Beatriz Peñalver floreciese. “Lo primero que hice, a la par que el vestido a mi amiga, fue abrirme un e-commerce”, cuenta la empresaria. Y aquella tienda online fue mucho más que un escaparate virtual: fue una ventana al mundo, un altavoz para el talento de Beatriz.



De Almuñécar… con proyección global


El e-commerce y la red de Visa han hecho posible que Beatriz Peñalver diese forma y continuidad a su marca desde su tierra, Almuñécar. “El hecho de vivir en Almuñécar y no estar en una gran ciudad… pensé que igual me dificultaba un poco el desarrollo del negocio”, expone la diseñadora.

Pero, hoy, es posible soñar -y emprender- desde allí donde uno es feliz y donde se siente conectado con sus raíces. La tecnología tiene mucho que ver en eso: Beatriz, por ejemplo, lleva siempre en el bolso su TPV, para transformar en pagos los flechazos de sus amigas, clientas o conocidas. 



Porque nunca sabes dónde te puedes enamorar de un diseño único y de edición limitada, como los de Beatriz Peñalver. Una clase de danza o un bar se pueden convertir en un punto de venta: tan solo hace falta un producto que enamore -los diseños de esta joven andaluza levantan pasiones- y una red que haga posible el pago, como la de Visa. “Gracias a la red de Visa he podido hacer ventas en el acto con las que yo no contaba al salir de casa”, cuenta la diseñadora, en referencia al TPV que la acompaña en su día a día.


Porque apostar, como Beatriz Peñalver, por una firma propia y de carácter muy personal no es ya sinónimo de aislamiento. Para conectar negocios y personas es clave el papel de Visa, una red que trabaja para todos y que ayuda a que negocios que nacen independientes prosperen.